October 4, 2022

19 de agosto de 2022

Nota del editor: La pr贸xima serie, 鈥淟a vida en los cayucos junto al mar que se gentrifican radicalmente鈥, que se publicar谩 cada dos semanas, incluye las notas, pensamientos y opiniones de una voz estadounidense original: el autor Dell Franklin.

Las memorias de Franklin, “Life On The Mississippi, 1969”, se encuentran actualmente en Amazon.

Por DELL FRANKLIN

Conduc铆a mi Toyota 2002 a la velocidad indicada de 25 mph en el Pac铆fico (la carretera costera residencial de Cayucos y nuestra Riviera) el otro d铆a y corr铆 detr谩s de un carrito de golf el茅ctrico que acaparaba la carretera a menos de 10 mph. Esto sucede a menudo.

Siempre me quedo muy atr谩s y normalmente disparan de lado, pero este carro no lo hizo. Dos personas de mediana edad estaban en la parte de atr谩s, frente a m铆. Me dirig铆 al estacionamiento de la calle 24. Est谩bamos alrededor de la calle 10. Decid铆 acercarme para hacerles saber que no ten铆a ganas de ir por debajo de las 10 mph, pero aun as铆 no se deten铆an.

Las personas en la parte de atr谩s me dieron miradas “fuera de l铆nea”, movi茅ndose tan cerca. Entonces camin茅 alrededor de ellos lentamente y cuando pas茅, todos (cuatro personas) gritaron: 鈥溌eduzca la velocidad!

Mi frase habitual ser铆a “隆F贸llame el culo!” Pero no era necesario, as铆 que exclam茅: “隆No son los Hamptons!”.

Reanud茅 mi rastreo de 25 mph. No ten铆a por qu茅 tener prisa, pero no me gusta seguir a alguien que est谩 muy, muy por debajo del l铆mite de velocidad en lo que no es un autom贸vil para 14 calles; tal comportamiento huele a arrogancia y propiedad en Cayucos, un sentido de imponer la propia voluntad, dictar pol铆ticas y ser due帽o del lugar.

M谩s tarde, se detuvieron en el estacionamiento de la calle 24. Se estaban divirtiendo, supongo. No quer铆a romper su diversi贸n. La gente parece divertirse mucho por la ciudad en carros el茅ctricos de todos los tama帽os, algunos con aparatos m谩s extravagantes. Un d铆a, durante la fiebre del 4 de julio en la ciudad, cont茅 23 carros el茅ctricos llenos de j贸venes y mayores, con la m煤sica a todo volumen, en poco m谩s de una hora.

Cuando me mud茅 aqu铆 en 1989, no hab铆a carritos de golf en nuestras calles. Han estado en todas partes 煤ltimamente.

Hay otra mujer que sale de la calle 5 o 6 en Ocean (nuestra v铆a principal que conduce a nuestra colmena en el centro) cuando vas a 35 mph y se coloca justo frente a ti, lo que te obliga a frenar y se niega a detenerse a 10 mph. ; y como no hay camino a trav茅s de nuestra concurrida calle principal, debe seguirla hasta el centro de la ciudad. Y si tocas la bocina, ella te ignora, ella es la due帽a de la calle, es de mediana edad y canosa, as铆 que no hay necesidad de gritarle o insultarla.

Simplemente no es posible reprender a alguien tan viejo y femenino que no me va a se帽alar con el dedo medio o gritarme o decirme que disminuya la velocidad porque su carrito de golf es la regla, 隆as铆 que adelante!

En otra ocasi贸n, estaba cruzando el oc茅ano hacia Brown Butter Cookie Company con mi labrador de casi 16 a帽os y, mientras otros autos disminu铆an la velocidad hasta detenerse, dos hombres en un carrito el茅ctrico con tres ni帽os en la parte de atr谩s, viraron bruscamente a mi alrededor (como Yo era un obst谩culo no deseado) y pas茅 al centro, y r谩pidamente grit茅 “隆gilipollas!” Supongo que uno de estos artilugios da ciertos privilegios.

La raz贸n por la que mencion茅 los Hamptons en Long Island, Nueva York, donde los multimillonarios viven con yates de lujo de 100 pies de largo, es porque le铆 un art铆culo hace alg煤n tiempo en el que millonarios de clase baja paseaban por el centro de la ciudad en carritos el茅ctricos con aire acondicionado, luces, cubiertas transparentes para protegerse de la lluvia o la neblina, radio y TV de pantalla plana, GPS y otros dispositivos que conducen a nuevos precios de autos compactos, seguramente una competencia para verse m谩s a la moda y m谩s rico que sus vecinos.

Estas personas de nuestra Riviera no parec铆an Hamptonitas, pero a煤n as铆, su reprimenda groseramente injusta y arrogante hacia m铆 por pasarlos a 20 mph se me qued贸 atascada en la garganta, y cuando habl茅 con algunos de mis amigos del malec贸n de este enfrentamiento, estaban indignado, uno de ellos me dijo que deber铆a haber “quitado el culo”.

La cuesti贸n es que las personas que viajan en esos carros (incluso los ni帽os) probablemente tengan m谩s dinero del que puedo comprender. Sus carritos el茅ctricos son accesorios que una persona pobre como yo no puede ni so帽ar con permitirse.

Si les doy una patada en el culo y los rega帽o como se merecen, podr铆an tomar represalias persigui茅ndome por lo poco que me queda en los bolsillos y ech谩ndome de Cayucos para siempre y oblig谩ndome a vivir en el armario de mi sobrino abajo. en Mount Washington en Los 脕ngeles. 脡l dice que se est谩 preparando para tal incidente construyendo una de estas peque帽as caba帽as de usos m煤ltiples para personas sin hogar en su jard铆n, que est谩 en una colina, lo que significa que tendr谩 que crear escaleras empinadas y tal vez una escalera, algo demasiado peligroso para yo en este punto.

De todos modos, desprecio Los 脕ngeles, aunque amo a mi sobrino, as铆 que tengo que pensar en eso antes de sacar uno de esos carritos de golf y sus due帽os con licencia fuera de la carretera y rega帽arlos como Hamptonitas en ciernes y cosas peores.

Mant茅nganse al tanto.